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POLICÍA O GUACHIMÁN
Cuando se circula por las calles de la ciudad, se ve
caos, desorden, abuso y falta de autoridad. Este situación
no solo es aplicable al tráfico, donde a falta de
autoridad, el vehículo más fuerte impone la «ley».
Hoy, las calles de las ciudades están gobernadas por
el poder económico, bancos, restaurantes, construcciones,
etc., quienes contratan los servicios de miembros de la Policía Nacional para el cuidado de sus negocios
particulares. Estos efectivos, con el poder que les da el
uniforme cierran las calles, reservan estacionamientos
públicos para los clientes del negocio particular, desvían
el tráfico sin autorización y sin señalización, hasta dan
información del menú de los restaurantes que custodian.
La autoridad ha declarado a la ciudadanía que debido
a los bajos ingresos de los policías (S/.1,400/mes), éstos
tienen autorización para trabajar en sus días francos
y de esa manera obtener un ingreso extra en su precario
presupuesto familiar. El principio está bien, pero que este
servicio lo hagan sin hacer uso del uniforme de la Policía
Nacional, porque esta acción confunde a la población. A
pesar que recientemente, se ha informado que esta labor
de protección individual a empresas privadas se suspenderá;
el hecho ha quedado solo en anuncio, porque se
sigue brindando este tipo de servicio.
Hay muchas cosas que no funcionan. Un policía en
su día franco está fuera de servicio, por lo tanto no
tiene una función asignada y no debe vestir el uniforme
de su institución. La negociación entre la empresa privada
y el policía no puede ser un hecho privado, cuando
de por medio existe una función pública. Bajo qué norma
y criterio el Comisario autoriza al efectivo policial a
que pueda brindar este servicio en su día de descanso
con los materiales y equipos de la institución policial. La
jornada de trabajo de un policía es de 24 horas continuas
por 24 horas de descanso, que al trabajar en su
día libre, día de por medio, no le permite recuperarse
para realizar un buen trabajo. El personal que trabaja en
condiciones de riesgo tiene que tomar las horas de
descanso como parte indispensable para el cumplimiento
eficiente de su función.
Si la inseguridad callejera amerita participación policial
en instituciones bancarias, restaurantes, obras de
construcción o empresas privadas, esta debe hacerse
dentro de los horarios regulares de trabajo del policía y
con toda la autoridad que la legislación le concede a
quienes visten el uniforme policial. Las empresas que
requieran este servicio deberían dirigirse a la máxima
autoridad, Ministerio del Interior, a solicitar la firma de un
convenio de cooperación, claro y transparente, en el cual
de una parte se brinda asistencia policial y de la otra,
recursos económicos. Aporte éste que debería ir a un
fondo nacional de ayuda al policía que permitiría mejorar
los ingresos de estos efectivos, sin tener que recurrir al
trabajo en las horas de descanso. Fondo intangible a
favor de los subalternos a nivel nacional, que debería
distribuirse mensualmente como un ingreso extra, mientras
no se piense en una reorganización seria de la institución
policial.
Un camino a contar con policías eficientes y que
permita a una municipalidad distrital ofrecer seguridad
ciudadana a sus vecinos es con la división de la actual
Policía Nacional en tres estamentos*. La Policía Distrital
bajo el mandato del Concejo Distrital, la Policía Regional
bajo las órdenes del Presidente Regional y finalmente la
Policía Nacional, con dependencia directa del Ejecutivo a
través del Ministro del interior**. Cada una de estas instituciones
con independencia en su manejo, pero en casos
de necesidad mayor, asistiéndose unas a otras, con respeto
jurisdiccional.
El ingreso económico del efectivo policial estaría dado
por la importancia que el distrito le quiera dar a la seguridad
ciudadana; el policía podría establecer su residencia
en el distrito para el que trabaja; su permanencia en el
vecindario le daría el conocimiento más exacto del movimiento
delincuencial de la zona, su labor sería además,
fiscalizada por el vecino, quién exigiría a su concejo, de
ser el caso, una mejor selección de sus efectivos policiales, con riesgo de la autoridad municipal de verse en un
proceso de revocatoria o de su reelección de no contar el
distrito con la seguridad prometida.
Es tiempo de empezar nuevamente a respetar al
policía, pagándole un salario justo por el riesgo y función
que cumple, dándole el descanso necesario para su persona
y tiempo para su familia, dotándolo de material y
equipo necesario para el cumplimiento de su labor; entonces
se podrá exigir al custodio del orden el cumplimiento
de su función con honorabilidad, eficiencia y dedicación. |