I

Los acontecimientos de laprimera semana siguiente al revés electoral del 10 de abril confirmaron mis temores. No tardaron en alzarse las voces de quienes creen llegada la hora de una Noche de los Cuchillos Largos en el PAP, sin reparar en que no producirían otro resultado que presentarnos como una organización disminuida y dividida. Pese a la indignación que despiertan actitudes como estas, resulta imprescindible ceder ante el imperativo de fraternidad que esta hora trae consigo.

Nadie puede negar que los términos empleados por Luciana León y Mauricio Mulderexpresan un explicable estado de ánimo, pero tampoco es posible soslayar que no contribuyen a solucionar la difícil situación que atravesamos. Resulta importante coincidir con Enrique Cornejo, acerca deque hace falta una renovación pronta en el marco de un proceso de profunda reflexión.

Mauricio y Luciana tienen sobrada inteligencia para percatarsede que están dándole en la yema del gusto a nuestros enemigos. Si, hoy por hoy, el Aprismo representa apenas algo más de un veinteavo de la población –lo que de plano ya es satisfactorio para quienes no nos quieren bien–, deben pensar en cómo luce esa magra cifra si se la divide y enfrenta fratricidamente.En cuanto a Enrique, creo que su invitación a la reflexión necesita ser aceptada ecuménicamente y que para ello debe alcanzar la tonalidad fraterna que hace falta para sacar adelante las cosas. No le hace falta más que afinar un pocoel discurso.

II

La asunción de responsabilidades debe ser inmediata, pero no instantánea. Temo que mi compañero Omar Quesada y quienes lo acompañan en la dirección del Partido no muestran reflejos ágiles ante una situación tan difícil. Aunque resulta comprensible que estén bajo el demoledor impacto de los resultados electorales del 10 de abril último, no lo es tanto que no salgan del shock ya, para acometer las muchas cosas deben hacerse con urgencia.

La primera y más inmediata es aclarar que no rehúyen la asunción de las responsabilidades políticas derivadas del revés electoral sufrido,ni se aferran a cargos carentes de todo significado en este preciso instante. Prolongar su permanencia en ellos más allá de tres meses solamente traería inestabilidad y confrontación interna.Simultáneamente, tienen el deber de afirmar la institucionalidad del Partido y asumir sus responsabilidadesante el Congreso Nacional del PAP.

No pueden acudir al fácil expediente deque han  echado mano Mauricio Mulder y Javier Velásquez Quesquén.Una renuncia instantánea a los cargos solo traería anarquía y nos presentarían como un pollo sin cabeza corriendo por la cocina.No tiene lugar. Al igual que la pretensión de instaurar una virreinal junta de notables, que se encuentra fuera del estatuto y de la ley. La solución no puede ser poner al PAP a la altura de Todos por el Perú y los improvisados que fueron descalificados en las recientes elecciones.

III

El tiempo es oro y no caben más dilaciones. El próximo Congreso Nacional tiene que darse en el plazo más breve posible. Una efemérides Aprista cercana –y propicia por ello– es el 7 de julio y, en mi opinión, debiera ser la fecha en que se celebre el magno evento en el que la responsabilidades políticas se hagan efectivas y se renueve nuestra dirigencia, pero reafirmandolos valores de fraternidad, unidad y adhesión indesmayable al pensamiento y laobra de Haya de la Torre.

La Comisión Organizadora del Congreso Nacional debería quedar a cargo de personas que garanticen un proceso ejemplar por transparente y democrático. Luis Alva Castro descuella como la mejor opción para presidirla. Él ha demostrado consecuencia con el espíritu renovador, al no tentar la reelección en los últimos comicios, y si alguien replicara que lo hizo porque temió no ser reelecto, cabría retrucarque, en todo caso,eso revelala alta dosis de realismo político que hace falta en esta hora aciaga.

A su lado debieran estar distinguidos exsecretarios generales de las promociones anteriores, entre los que se cuentan Luis Negreiros Criado, Carlos Roca Cáceres y otros más. El Partido tiene suficientes figuras respetables como para conformar, insisto, un equipo de ensueño que garantice la realización de un Congreso Nacional memorable. Eso le daría ejemplo al pueblo de lo que es una fuerza política madura que, en los momentos de adversidad, es capaz de conservar la calma y la perspectiva.

IV

El Congreso Nacional no debe agotarse en la renovación de los cuadros directivos del Partido. Tiene que llamar a un Encuentro Nacional Ideológico y Programático que reafirme nuestros ideales y los concrete en un conjunto de propuestas que movilice a la sociedad detrás de ellas. Tambiéndebe disponer desde ya la preparación del Partido con miras a las elecciones regionales y municipales, en lasque habrá de demostrarse la increíble capacidad de recuperación que tiene la máxima obra de Víctor Raúl.

La nueva dirigencia Aprista, por su parte, debe estar preparada para reconstruir el Partido-Escuela, reabrir nuestro viejo Comedor del Pueblo e, incluso, nuestra inolvidable Cafetería del Pueblo. Debemos convocar a la juventud a una obra de voluntariado que trascienda la caridad, para convertirse en adhesión a las ideas del Partido del Pueblo que vertebre el cambio de nuestra sociedad por una de hombres libres e iguales.

Hacen falta tres personalidades poderosas en tres áreas decisivas, para liderar el esfuerzo de relanzamiento partidario. La Comisión de Ideología y Doctrina, que debe asumir la tarea de desarrollar el Encuentro Nacional desde Encuentros Distritales, Provinciales y Regionales. La Comisión Nacional de Plan de Gobierno, que debe construir la oferta renovada que el PAP debe hacerle al Perú. El Comando de Campaña 2018, que inicie el proceso de identificación de las figuras y los programas que representen al PAP en las elecciones regionales y municipales dentro de dos años y medio. La interacción entre las tres comisiones permitirá redibujar con nitidez el perfil izquierdista democrático del Aprismo, a partir de la reafirmación ideológica, la renovación programática y el despliegue táctico y estratégico que ponga la maquinaria partidaria a punto.

Hay hermanos muchísimo que hacer, escribió César Vallejo, y hoy para los Apristas esto es más cierto que nunca. Afrontemos la tarea con espíritu elevado, reclamando el soplo de lo alto, de lo cósmico, que viene de nuestros mártires y de la memoria invicta de Víctor Raúl. Repitamos con él: «Con la alegría profunda de los luchadores fuertes, con la convicción de nuestra gran causa, con la decisión de vencer, seguimos adelante. Seamos dignos del pueblo y hagamos que el pueblo sea digno de nosotros. ¡Sólo el Aprismo salvará al Perú!»